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La educación es un asunto prioritario para cualquier país. Eso es una verdad que no puede ser cuestionada y debe ser punto de partida para entender el presente artículo. Siendo pues la educación un asunto prioritario, ¿a quién le corresponde atenderlo? Constitucionalmente en México le corresponde tanto al Estado, pero también, y ello se nos olvida frecuentemente, a los padres de familia o tutores.
El artículo 3º. Constitucional dice en la parte conducente:
Artículo 3o. Todo individuo tiene derecho a recibir educación. El Estado -federación, estados, Distrito Federal y municipios-, impartirá educación preescolar, primaria y secundaria. La educación preescolar, primaria y la secundaria conforman la educación básica obligatoria.
El artículo 4º Constitucional dispone lo siguiente:
Artículo 4o. ... Los niños y las niñas tienen derecho a la satisfacción de sus necesidades de alimentación, salud, educación y sano esparcimiento para su desarrollo integral. Los ascendientes, tutores y custodios tienen el deber de preservar estos derechos. El Estado proveerá lo necesario para propiciar el respeto a la dignidad de la niñez y el ejercicio pleno de sus derechos.
Pero no solamente se previene en la Constitución, leamos también lo que previene la Declaración de los Derechos de los Niños emitida por la Organización de las Naciones Unidas y suscrita por México, lo que le da fuerza legal y obligatoriedad en nuestro país:
Principio 7 El niño tiene derecho a recibir educación, que será gratuita y obligatoria por lo menos en las etapas elementales. Se le dará una educación que favorezca su cultura general y le permita, en condiciones de igualdad de oportunidades, desarrollar sus aptitudes y su juicio individual, su sentido de responsabilidad moral y social, y llegar a ser un miembro útil de la sociedad. El interés superior del niño debe ser el principio rector de quienes tienen la responsabilidad de su educación y orientación; dicha responsabilidad incumbe, en primer término, a sus padres. El niño debe disfrutar plenamente de juegos y recreaciones, los cuales deben estar orientados hacia los fines perseguidos por la educación; la sociedad y las autoridades públicas se esforzarán por promover el goce de este derecho.
Vistas así las cosas, desde el punto de vista constitucional y del derecho internacional, corresponde tanto al Estado, como a los padres de familia, procurar la educación de sus hijos. No es una tarea que pueda ser delegada totalmente en uno u otro lado.
En los últimos días he leído en las redes sociales que algunas personas han lanzado críticas hacia los maestros, culpándolos de que México sea calificado en lugares poco decorosos en materia de educación. Inclusive dichas personas señalan que el hecho de pertenecer a un gremio que es el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, es motivo de dicho atraso. Sin entrar al debate sobre si dichos instrumentos de evaluación son o no los mejores, la realidad es que siempre el tema educativos es un área de oportunidad donde se puede mejorar.
Sin embargo, esas mismas personas olvidan el artículo 4º constitucional y la Declaración de los Derechos de los Niños, y no señalan que en buena medida cualquier indicador educativo no puede entenderse, sin el papel que la familia tiene en la formación de nuestra niñez y juventud. Tan es así que el Principio 7 de la Declaración precisa que la responsabilidad primaria en materia de educación es de los padres.
En efecto, ¿Qué tanto tiempo se le dedica en la familia a la lectura? ¿Qué espacios de estudio tienen las casas? ¿Cómo supervisamos a nuestros hijos al momento de hacer la tarea? Desafortunadamente son pocos los padres que tienen un real empeño en la realización de estas actividades que seguramente contribuirían a elevar el nivel educativo. Entiendo que las condiciones económicas del país obligan a los padres a trabajar jornadas dobles en muchos casos y que al llegar a su casa el ánimo no es el mejor, pero ello no justifica la ausencia absoluta de estas tareas. Tampoco es verdad que la obligación de los padres se agote con el hecho de enviar a sus hijos a la escuela, verlo así no es otra cosa sino rebajar a la niñez al nivel de una carga.
Se señala que México se encuentra muy rezagado en habilidades matemáticas en sus estudiantes, pero ¿qué podemos esperar si en los fines de semanas cuando se juntan padres e hijos, espacio ideal para dedicarle un momento al estudio, las únicas sumas que se ven son los goles del partido de futbol? Una escena común en este país, se da cuando para una operación básica que preguntan los niños, tenemos que sacar la calculadora. Nos quejamos de que los libros son caros y no se los compramos a los niños y sin embargo se gasta dinero en alcohol y en juegos de azar. Es común ver hasta en colonias populares el mal uso del dinero en ello y se ve con recelo la adquisición de un libro de ciencia o tecnología.
Es un hecho demostrado que los malos hábitos alimenticios influyen en el desempeño académico. Pese a ello, llama la atención como muchos niños van a la escuela con desayunos compuestos de bebidas embotelladas y pastelitos industrializados. Mejorar la educación no es solamente cuestión de dinero, sino de dedicación y empeño, no en exclusiva de los maestros, sino de la sociedad en general.
Ser maestro no es una tarea sencilla. Los últimos 15 años de mi vida he dado clases en universidades y por experiencia propia reconozco que es un esfuerzo adicional que implica vocación y dedicación; y aún en ese nivel, la familia juega un papel importante. La implementación de valores como la puntualidad, la honestidad y la responsabilidad se hace en el seno familiar y sustentan en buena medida el desarrollo profesional de los alumnos.
He leído otros comentarios, que culpan directamente al SNTE de la calidad de la educación en México. En realidad hablar de culpas, es caer en el juego donde hay que encontrar al responsable antes de encontrar las soluciones; pero si partimos del punto de vista exclusivamente constitucional, que es el propósito de este artículo, la responsabilidad de la educación, ya la vimos, es del Estado, tanto de las autoridades centrales, o sea la Secretaría de Educación Pública, de los maestros que son servidores públicos y muy en especial, de los padres de familia, tutores o ascendientes de los alumnos. Entonces si queremos perder el tiempo en buscar culpables, pues resulta ser que los culpables somos todos.
Lo que si no se puede culpar es a los maestros por integrar un sindicato, ya que es un derecho constitucional que conforme el artículo 123 les asiste y por ende, en uso de ese derecho se han organizado y constituido un organismo sindical. Sus procesos internos corresponde resolverlos precisamente a ellos. Su actuación como docentes frente a grupo está regulada por la Secretaría de Educación Pública, quien dispone los contenidos programáticos y establece la normatividad para la impartición de la educación.
También he leído que se compara a la educación privada con la pública y se dice que los alumnos de instituciones privadas obtienen mejores resultados en los diversos mecanismos de evaluación que se aplican. Ello se usa para demostrar que los maestros del SNTE que imparten clases en escuelas públicas son deficientes en cuanto a su desempeño frente a los de instituciones privadas.
Existe un principio básico en la metodología científica que dice que la comparación solo puede hacerse entre elementos que son iguales y que tienen entornos similares. Dicho de otra manera, no se puede comparar a un niño de escuela privada que cuenta con una alimentación más adecuada, que tiene elementos didácticos de apoyo como computadora e internet, que además se encuentra en un grupo de no más de 25 niños, frente a un niño cuyos padres se ausentan para ir a trabajar, que no hay supervisión en las tareas, que el uso de un ordenador implica trasladarse lejos de su casa y que además, no recibe el aporte alimenticio necesario.
En efecto, el entorno de un menor define los resultados de la educación y explica en buena medida, los resultados en las pruebas. Yo me pregunto ¿qué pasaría si los niños de escuelas públicas recibieran una mejor alimentación, tuvieran acceso a recursos didácticos y sus familias les dedicaran espacio y tiempo a su supervisión? La respuesta es que seguramente mejorarían sus calificaciones.
Entonces si la educación es un asunto global en tanto aglutina a múltiples factores de una sociedad, es menester que el maestro se vuelva parte importante en el desempeño social, que actué como motor de su desarrollo y que participe activamente en el diseño de propuestas para la evolución de la comunidad. Curiosamente cuando un maestro actúa así, algunos dicen que está mal y que el maestro debía quedarse en el aula. No comparto esa idea por los motivos antes expuestos. Es más, se extraña el maestro rural que era guía en su comunidad y se convertía en auténtico gestor para la mejora de su entorno.
Entiendo que no todos los maestros son buenos en su desempeño. Los seres humanos no son infalibles en ninguna profesión o actividad y por ende encontraremos malos abogados, contadores, periodistas, médicos, zapateros o fontaneros, pero también tengo conocimiento de que todos los oficios y ocupaciones, cuentan en su gran mayoría con gente capaz y bien intencionada y tal es el caso de los profesores.
¿Qué propongo para mejorar la educación? Creo que las primeras acciones deben tender a reconocer el carácter complejo del problema y no estar tratando de desviar la atención del mismo recriminando a los maestros. Segundo, reconocer los errores que como familia y sociedad hemos tenido respecto de la niñez y la juventud. Tercero, asumir a plenitud la responsabilidad que a cada uno nos toca en el proceso educativo. Cuarto, procurar acciones que tiendan a mejorar el entorno educativo. Quinto, capacitar a los padres para el mejor desempeño del papel que les corresponde. Estas serían primeras líneas que podrían impulsarse desde mi opinión.
Quiero referirme un poco a esto último. La educación, como ya hemos visto, no se circunscribe a lo que pasa en el aula en el proceso de enseñanza – aprendizaje, sino que es más amplio y ello incluye la necesidad de mejorar el entorno, lo que incluye medios materiales para que el proceso se desarrolle lo mejor posible. Esto no lo entienden algunas personas que critican el hecho de entregar zapatos, útiles o uniformes a los alumnos de escuelas o bien otorgar desayunos escolares, argumentando que mejor deberían mejorar el proceso educativo, cuando en realidad estos elementos inciden precisamente en dicho proceso.
En resumen, la educación en términos constitucionales y del derecho internacional suscrito por México, es un derecho que le asiste a la niñez y juventud y que es una tarea compartida, en primer lugar por los padres en el seno familiar y que es garantizada por el estado, a través de sus autoridades administrativas y de los maestros. Por tanto, si hay deficiencias en la educación conforme criterios de evaluación, se requiere del concurso de todos para mejorarlas, iniciando desde el entorno familiar, procurando los recursos materiales necesarios y generando acciones que permitan que los niños y jóvenes encuentren en las sus casas y en las aulas, los espacios necesarios para su desarrollo. Un país que no le apueste todo a la educación, es un país perdido.
*El autor es maestro en sistemas políticos en la Universidad Autónoma del Noreste, desde hace 15 años. |