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El Doctor Ignacio Burgoa Orihuela, doctor en derecho, investigador jurídico, ya fallecido hace un tiempo, fue mi maestro en el posgrado en la UNAM, a quienes sus alumnos admiramos y respetamos. Hoy se le extraña por su puntual cátedra en la materia de amparo.
En alguna ocasión, disertaba sobre las autoridades cuando uno de los compañeros, aprovechando el marco de la clase, le preguntó porque no había sido Ministro de la Suprema Corte, máximo tribunal de nuestro país. Burgoa reflexionó un momento y dijo: “Para yo ser Ministro se necesitan dos cosas: una, que quiera yo; y dos, que quiera el Presidente de la República. Y yo, yo sí quiero.”
Ciertamente nunca lo fue porque el Presidente en turno no lo deseó en su oportunidad.
En días recientes estaba viendo un programa de televisión, donde se entrevistaba a unos jóvenes cineastas sobre un documental próximo a estrenar llamado “Presunto Culpable” que es una suerte de denuncia fílmica sobre una persona encarcelada injustamente.
Uno de los principales reclamos hacia la impartición de justicia, fue el hecho de que el sentenciado nunca tuvo la oportunidad de hablar con el juez que veía su caso, precisando que solamente lo había visto a lo lejos, sentado en la comodidad de su despacho.
Esto viene al caso por la reciente designación del nuevo Ministro Jorge Mario Pardo Rebolledo que para ser electo, se requirieron ya no solamente dos cosas, sino tres: que quisiera Pardo Rebolledo, que quisiera el Presidente y que quisieran los senadores.
En esta ocasión, a diferencia del ejemplo del Doctor Ignacio Burgoa, todos quisieron.
Poco sabe el pueblo sobre sus jueces, y realmente es escaso el contacto de los ministros con sus electores (son electos por vía indirecta, pero su poder deviene del pueblo como el de todos los servidores públicos), luego entonces no es de esperarse una amplia simpatía y conocimiento de todos ellos. Pero contrario a lo que la mayoría de los ciudadanos piensan, los ministros son capaces de incidir positiva o negativamente en su vida.
Es verdad que sus ocupaciones son múltiples y que no hay una recriminación absoluta como la que tendría el juez penal del documental, pero no es un detalle menor señalar que muchos asuntos que hoy están pendientes de resolución en la Suprema Corte tendrán influencia en la cotidianeidad de los ciudadanos de a pie de este país.
En la medida que los ministros, y en especial los de nuevo cuño como lo es Pardo Rebolledo, entiendan y asuman esa nueva responsabilidad, deberán de salir con mayor frecuencia de sus ponencias y entrar en contacto con la sociedad, que a final de cuentas, es a la que se deben.
* Juan Carlos Cisneros Ruiz, Abogado. |